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Los documentos

Documento IX de XXI

El tonalli

Lo que se recibe el día que naces

De dónde viene la palabra

La palabra viene del sol. Tonalli deriva del verbo tona, «irradiar», que Molina traduce «hacer calor o sol».

Y de ahí baja en escala, sin cambiar de raíz: irradiación · calor solar · estío · día · signo del día · destino de la persona por el día en que nace · «el alma y espíritu» · y lo que está destinado a alguien, lo que es suyo.

Ninguna de esas acepciones es figurada. La misma palabra nombra el calor del sol y lo que a una persona le toca, porque son la misma cosa vista en dos escalas.

De ahí sale el principio que ordena la medicina: la oposición entre lo frío y lo caliente, en las dolencias, en los alimentos y en los remedios. Curar era devolver el equilibrio.

Tres cosas, no una

Las fuentes distinguen tres entidades dentro de una persona, con origen y oficio distintos.

El teyolía residía en el corazón. Era el centro de la vitalidad y la sede de las principales funciones del intelecto, y se creía que en ningún momento podía salir del cuerpo vivo.

El ihíyotl residía en el hígado y daba el vigor, la fuerza de crecimiento y el poder generativo. Su nombre metafórico en náhuatl era in celicáyotl, in itzmolincáyotl — «la frescura, la germinación».

Y el tonalli, que es el que da nombre a esta sala.

Y hay una prueba en la gramática: tonalli se pluraliza —tonaltin—, y eso significa que el día se concebía como un ente animado. No es una casilla del calendario. Es alguien.

Y no eran almas, en el sentido que esa palabra tiene en castellano. López Austin lo advierte: nada permite suponer que el pensamiento mesoamericano separara el cuerpo del alma. Al contrario, la materialidad de estas entidades es manifiesta.

Por eso esta sala habla de entidades y no de almas. La traducción de Molina —«ánima o alma»— es de un fraile buscando la palabra más cercana en su propia lengua.

El rito de la vasija

El tonalli no se traía puesto: se recibía, en una ceremonia semejante al bautismo.

El oficiante recogía en el agua de una vasija la luz del Sol —el tiempo de ese día— y con ella bañaba a la criatura. Así ese día quedaba formando parte del niño.

Lo que recibía era a la vez su nombre secreto, su carácter y su destino. No tres cosas separadas: una sola, dicha de tres maneras.

Y esto se puede ir a ver. El rito está en el libro VI de Sahagún, el de la retórica y la filosofía moral, que es de donde lo toman los estudios modernos. Esta app cita ya la fuente, no sólo a quien la leyó.

Quien ponía el nombre no era el adivino, sino la partera. El Códice Mendoza lo dibuja: a los cuatro días de nacer, ella lleva a la criatura a bañarse y le da el nombre: «no lo hace un agorero, sino la partera».

Por qué importa aquí

Toda la lectura que esta app ofrece descansa en esa idea: que el día en que alguien nace no es sólo cuándo, sino algo que le toca y le queda.

Y hay una consecuencia que conviene tener presente: en las fuentes esto no es un horóscopo. El tonalli no predice lo que pasará; nombra lo que se lleva dentro.

Y esto tiene otra mitad. «El día tonal», la sala de al lado, cuenta el otro lado: el libro donde estaban los 260 días —el tonalámatl— y quien sabía leerlo, el tonalpouhqui. Aquella sala habla de la cuenta; ésta, de lo que de esa cuenta le toca a alguien.

La identidad que viene de más atrás

El teyolía guardaba además la ramificación jerárquica de la identidad: a qué familia, a qué barrio, a qué pueblo se pertenece. En los relatos esa ramificación se dice con la figura de Chicomóztoc, la montaña de las siete cuevas de la que salían siete pueblos distintos.

Es la otra mitad de lo mismo. El tonalli dice quién es alguien; el teyolía, de dónde viene.

Molina lo recoge en su vocabulario. Tetonal lo traduce como «ánima o alma», y también como «ración de alguno, o cosa diputada para otro». Y totonal, en forma posesiva: «el signo en que alguno nace, o el alma y espíritu».

Y había una manera de heredarla: el nombre. Al niño se le ponía el de su abuelo, y la fuente dice para qué: «para que le levantara el tonalli» al antepasado. Sahagún lo explica igual: el nombre levanta la fortuna de aquel a quien pertenecía.

In ixtli, in yóllotl — rostro y corazón

Junto al tonalli hay otra manera de decir lo que una persona es, y va en pareja: in ixtli, in yóllotl, «rostro y corazón». No son dos partes del cuerpo: son la fisonomía moral y el principio que mueve a alguien.

Y se usaba para elogiar. De un hombre maduro se decía: «corazón firme como la piedra, corazón resistente como el tronco de un árbol; rostro sabio, dueño de un rostro y un corazón». Ser dueño del propio rostro era algo que se conseguía, no que se traía.

Ahí está la diferencia con el tonalli: aquél se recibe el día que naces; éste se hace. Por eso las escuelas decían que su oficio era «dar rostro y corazón» a los que entraban.

Y no todos lo leen igual. Traducir ixtli como «ojo» o como «rostro», y qué significa el binomio entero, ha sido objeto de polémica entre León-Portilla y López Austin. Esta app sigue la lectura de León-Portilla y lo dice.

Fuentes

Cómo citar esta página

Alma Mexica, «El tonalli», Los documentos. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/documento/el-tonalli/