Los presagios del Encuentro
Ocho señales que, según se contó, aparecieron diez años antes de que llegaran los españoles. Sahagún las recogió de sus informantes y abren el Libro XII, el de la conquista. Cada una, su relato.
Qué son estos relatos
Toca cada título para leer el relato.
Antes, una advertencia. Muchos estudiosos sostienen que estos relatos se contaron después de la caída, para dar sentido a lo que había pasado. No se sabe si se vieron o si se recordaron así. Van aquí como lo que son: lo que quedó contado.
Lo que sí es notable: Muñoz Camargo, emparentado con la nobleza tlaxcalteca —aliada de Cortés—, describe la misma columna de fuego, y también dice que se vio diez años antes. No tenía motivo para adornar la caída de México.
Y Durán recoge el cometa por su cuenta. Tres crónicas independientes, con lealtades distintas, contando lo mismo, y la pregunta sigue sin cerrarse.
1 · La llama en el cielo
Diez años antes de que vinieran los españoles apareció en el cielo «una cosa maravillosa y espantosa»: una llama de fuego muy grande y resplandeciente, que parecía estar tendida en el mismo cielo. Ancha de la parte de abajo y aguda por arriba, como cuando el fuego arde. Su punta llegaba hasta el medio del cielo. Salía por el oriente, llegaba a la medianoche, seguía al amanecer, y el Sol la hacía desaparecer. Duró un año entero. Cuando se mostraba había alboroto general: la gente se daba palmadas en los labios.
Y va fechado en la cuenta: el primer presagio comenzó en el año 12-Casa. Pero eso no cuadra con «diez años antes» — 12-Casa cae en 1517, dos años antes de la llegada, no diez. Las dos cosas están en la misma fuente, y esta app las dice las dos.
2 · El templo que ardió solo
El templo de Huitzilopochtli se abrasó en llamas por su propia cuenta. Nadie le puso fuego. Cuando quisieron apagarlo y echaron agua sobre las llamas, el agua no lo apagaba: antes más se encendía. Y así se hizo todo brasa.
3 · El rayo sobre Tzummulco
Cayó un rayo sobre el templo de Xiuhtecuhtli, la energía del fuego, que estaba techado con paja y se llamaba Tzummulco. Lo que espantó no fue el rayo sino cuándo cayó: no llovía recio, sino agua menuda de la que no suele traer rayos, y no hubo trueno. Nadie supo cómo se encendió. Esa energía tiene ficha propia entre las del Calmécac, donde se cuentan sus muchos nombres, y Tzonmolco es uno de ellos.
4 · El cometa de tres cabezas, a pleno día
De día, haciendo sol, cayó un cometa. Parecían tres estrellas juntas que corrían a la par, muy encendidas y con colas muy largas. Partieron desde el occidente y corrieron hacia el oriente, echando centellas de sí. Cuando la gente lo vio, comenzó a dar gran grita, y sonó grandísimo ruido en toda la comarca.
Y una tercera voz lo confirma. Durán cuenta lo mismo con otras palabras: que al llegar la noticia del cometa por todas las provincias, fue tanto el temor y el espanto «que todos los días que amanecía se juntaban ellos y ellas», y eran tan grandes los clamores y gritos que daban al cielo «que parecía que se acababa el mundo y venía la fin».
5 · El agua que hirvió sin viento
Se levantó la mar de México en grandes olas, sin hacer aire ninguno, como nunca se suele levantar. Las olas llegaron muy lejos y entraron en las casas, sacudiendo los cimientos; algunas cayeron. Fue grande el espanto de todos por ver que sin haber viento se hubiese embravecido de tal manera.
6 · La mujer que lloraba de noche
Muchas veces se oía en el aire, de noche, una voz de mujer que iba gritando y decía: «Oh hijos míos, ya nos perdemos.» Y otras veces decía: «Oh hijos míos, ¿a dónde os llevaré?»
7 · El ave con un espejo en la cabeza
Los cazadores del agua cogieron un ave parda del tamaño de una grulla, y la fueron a mostrar a Motecuhzoma, que estaba en la sala llamada Tlillan Calmécac. Era después de mediodía. El ave tenía en medio de la cabeza un espejo redondo, donde se veía el cielo y las estrellas, y en especial los mastelejos, que andan cerca de las cabrillas. Motecuhzoma se espantó. Miró la segunda vez y en el espejo, de allí a un poco, vio muchedumbre de gente junta, todos armados, encima de caballos. Mandó llamar a los agoreros y les preguntó: «¿No sabéis qué es esto que he visto? Que viene mucha gente junta.» Y antes de que respondieran, el ave desapareció, y ellos no respondieron nada.
8 · Los cuerpos monstruosos
Aparecieron muchas veces hombres con dos cabezas y un solo cuerpo. Los llevaban a Motecuhzoma, y en viéndolos él, en su aposento llamado Tlillan Calmécac, luego desaparecían.
Fuentes
- Sahagún, Códice Florentino (facsímil Laurenziana), Libro XII, cap. 1, fols. 1r-3v
- Muñoz Camargo, Historia de Tlaxcala, escrita en castellano por su autor (s. XVI) — el pasaje de la columna de fuego
- Sahagún, Códice Florentino, Libro XII (la app ya lo citaba en historia/moctezuma-xocoyotzin)
- Durán, «Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme», tomo I, hacia el cap. LXIII
- «Visión de los vencidos», testimonio de los informantes de Sahagún
Cómo citar esta página
Alma Mexica, «Los presagios del Encuentro», Las leyendas. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/leyenda/los-presagios-del-encuentro/