Los pisos del cosmos
La forma vertical del mundo
La gran división
La superficie de la tierra establece la gran división, y no es una frontera sino un cruce: por ella suben y bajan las fuerzas de arriba y las de abajo. Lo que se cuenta aquí es lo que hay a cada lado.
Y el modelo era el cuerpo: el cosmos «se concibió a partir de un modelo corporal».
El centro es un ombligo
La superficie iba partida en cruz, en cuatro segmentos. Y el centro tenía nombre de cuerpo: el ombligo, representado como una piedra verde preciosa, horadada, donde se unen «los cuatro pétalos de una gigantesca flor».
La flor es otro modo de dibujar el mismo plano. Y los colores de los cuatro segmentos no eran los mismos en toda Mesoamérica, que es lo que esta app ya declara en su sala de tensiones.
La izquierda no era el lado malo
Y conviene decirlo, porque va contra lo que suele suponerse: en el mundo náhuatl no había un concepto negativo de la izquierda.
Al contrario: era el sitio privilegiado. Es el lado del corazón, y es el que ocupaba el delegado más próximo a una autoridad.
Los gobernantes supremos se concebían a la izquierda de la energía a la que representaban en la tierra. Estar a la izquierda era estar cerca del que manda.
De la mano derecha, en cambio, se decía otra cosa: sus nombres hablan de destreza y habilidad — «la mano cuerda», «la mano hábil». No de dignidad, sino de oficio.
Hacia abajo · los nueve
Nueve niveles, y el conjunto tiene carácter: espacio femenino, frío y húmedo, región de la muerte. Abajo está lo que recibe y lo que guarda.
El último y más hondo se llama Chicunauhmictlan, «el noveno lugar de los muertos», y al él se llega tras un camino de pruebas que la app cuenta en «Los reinos de la muerte».
Los nombres de cada nivel existen, y esta app aún no los publica: no están en las fuentes que ha podido leer hasta ahora. Se dirán cuando se tengan con su localizador, no antes.
Y el mismo códice dibuja el descenso paso a paso, con su nombre en náhuatl: el pasaje del agua, las montañas que se juntan, la montaña de navajas, el lugar donde se flecha, y el último, Yzmictlan Apochcalca.
Hacia arriba · los trece
Trece pisos que se sobreponen. Los más bajos son los que se ven: por ellos pasan la Luna, las nubes, las estrellas, el Sol. Los altos ya no.
El más alto tiene nombre: Omeyocan, «el lugar de la dualidad», descrito como lo que está «por encima de los travesaños con que consiste el cielo». Es el que da nombre a una de las puertas de esta app.
Y aquí salta la contradicción: esa misma descripción habla de nueve travesaños, no de trece. Trece es la cifra más repetida, no la única registrada.
Algunos más tienen nombre, y es de color. El Vaticano A los dibuja como franjas y los glosa: teotl tlatlauhca, «cielo rojo»; teotl cozauhca, «amarillo»; teotl yztaca, «blanco»; ylhuicatl xoxouhca, «verde»; ylhuicatl yayauhca, «verde y negro»; y yztapal nanazcaya, «el de las estrellas».
El comentarista escribe además que a Omeyocan lo llamaban «per altro nome Homeiocan», y lo sitúa donde la app ya lo sitúa: en lo más alto.
Cómo se llama cada uno
Y ahora sí tienen nombre, de abajo arriba. López Austin los leyó sobre la lámina y propuso su lectura corregida:
1 · Ilhuicatl Tlalocan ihuan Metztli, el cielo del Tlalocan y de la Luna. 2 · Ilhuicatl Citlalicue, el cielo de «la de la falda de estrellas». 3 · Ilhuicatl Tonatiuh, el cielo del Sol. 4 · Ilhuicatl huixtotlan, el cielo-lugar de la sal.
5 · Ilhuicatl mamalhuacoca — «el cielo donde está el giro». 6 · Ilhuicatl yayauhca, el que está negruzco. 7 · Ilhuicatl xoxouhca, el que está verde.
8 · Itztapalnacazcayan — «lugar que tiene esquinas de lajas de obsidiana». 9 · Teotl iztacca, blanco. 10 · Teotl cozauhca, amarillo. 11 · Teotl tlatlauhca, rojo.
Arriba de todo, Omeyocan, el lugar de la dualidad, que ocupa los dos últimos pisos a la vez. Por eso unas fuentes cuentan trece y otras doce: es un piso doble.
Qué había en cada uno
Y de los ocho primeros sí se sabe qué había dentro. Una fuente del siglo XVI los recorre uno a uno, preguntando a los viejos:
En el primero, dos estrellas que se guardan la una a la otra —citlalmine, hembra, y su pareja macho— «y éstas no parecen, porque está en el camino que el cielo haze».
En el segundo, «unas mugeres que no tienen carne sino huesos», las tzitzimime, «y éstas estaban allí para quando el mundo se acabase».
En el tercero, cuatrocientos guardianes «de cinco colores: amarillos, negros, blancos, azules, colorados». En el cuarto, «todos los géneros de aves, y de allí venían a la tierra».
En el quinto, «culebras de fuego… y dellas salen los cometas y señales del cielo». En el sexto, «todos los ayres». En el séptimo, «todo lleno de polvo, y de allí abaxava».
En el octavo se acaba lo que sabían. Allí «se juntaron todos», y más arriba «no subía ninguno» hasta donde estaban Tonacatecuhtli y su compañera. La fuente lo cierra así: «y no saben lo que estaba en los cielos que quedan».
Las fuentes no coinciden, y se dice
Hay contradicciones entre las fuentes en cuanto al número de divisiones del cosmos. Eso no se resuelve aquí. Se dice, porque es verdad y porque es interesante.
Pero en la forma sí coinciden. Dos fuentes independientes dibujan el mismo marco: los cielos como franjas apiladas y el descenso como una columna de escenas, una debajo de otra.
De dónde salió todo esto
Cómo se hicieron el cielo y la tierra —y por qué Cipactli abre la cuenta de los días— se cuenta entero en la leyenda de Cipactli, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, entre las leyendas. Aquí basta saber que la tierra que parte el mundo en dos es un cuerpo.
Fuentes
- Alfredo López Austin, «Las razones del mito. La cosmovisión mesoamericana», en López Austin y Millones, «Dioses del Norte, dioses del Sur», Ediciones Era, 2008, cap. 8 «Los pisos del cosmos», pp. 51-53; cap. 9 «El Eje Cósmico», pp. 54-57; cap. 10 «Los cuatro árboles de los extremos del mundo», pp. 58-63.
- Alfonso Caso, «El pueblo del Sol», FCE, lámina «Los nueve Infiernos y los trece Cielos» (remite a p. 81).
- Códice Vaticano A, facsímil, lám. 1 — glosas en náhuatl e italiano, leídas sobre la lámina
- Códice Vaticano A, facsímil, láms. 1 y 2 — glosas en náhuatl e italiano, leídas sobre la lámina
- Caso, «El pueblo del Sol», lámina «Los nueve Infiernos y los trece Cielos» (p. 81)
- «Historia de los mexicanos por sus pinturas», siglo XVI, ed. Anales del Museo Nacional, t. II, p. 102
- López Austin, «Cuerpo humano e ideología», introducción
- López Austin, «Cuerpo humano e ideología», cap. «La cosmovisión» — interpretación de las láminas i y ii del Códice Vaticano Latino 3738
- López Austin, «Cuerpo humano e ideología», cap. «El cuerpo en el cosmos»
Cómo citar esta página
Alma Mexica, «Los pisos del cosmos», Los documentos. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/documento/pisos-del-cosmos/