Uiztocíhuatl
Señora de la sal · La sal y las aguas saladas — y la veintena de Tecuilhuitontli
El nombre
La Señora de la sal, y de quienes la hacen. La fuente la registra como Uixtocíoatl, «diosa de los que hacen la sal».
La desterrada que inventó la sal
Decían que era hermana de las energías de la lluvia y que, por cierta desavenencia con ellos, la persiguieron y la desterraron a las aguas saladas. Allí, en el destierro, inventó la sal: el modo de hacerla con tinajas y con la tierra salada amontonada, tal como se hacía todavía cuando se escribió.
Por esa invención la honraban los que trataban en sal. Su historia no es la del castigo cumplido, sino la del oficio que nace donde te dejaron.
Las tres que sostienen
No aparece sola. Sahagún registra que los señores y reyes la veneraban junto con Chalchiuhtlicue, la del agua, y Chicomecóatl, la de los mantenimientos, «porque decían que estas tres diosas mantenían a la gente popular para que pudiesen vivir y multiplicar».
Que la sal esté ahí, al lado del agua y del maíz, dice cuánto pesaba: sin ella no se conserva nada y el cuerpo no funciona. La desterrada de las aguas saladas resultó ser una de las tres columnas.
Sus atavíos
Sus atavíos eran de color amarillo. Llevaba una mitra de la que salían muchos plumajes verdes, altos como penachos, que al aire resplandecían; y las orejeras de oro finísimo, "como flores de calabaza".
El huipil iba labrado con olas de agua y bordado de chalchihuites pintados; las naguas, del mismo trabajo. En las gargantas de los pies, cascabeles de oro o caracolitos blancos ensartados en una tira de piel de jaguar, que sonaban al andar. Las cotaras eran tejidas de algodón, con botones y cuerdas del mismo algodón flojo.
Llevaba una rodela pintada con hojas anchas de atlacueçona —el nenúfar—, orlada de rapacejos de pluma de papagayo rematados en flores de pluma de águila. En la mano, un bastón rollizo que arriba se ensancha como paleta, con papeles goteados de hule, tres flores de papel llenas de incienso, una en cada tercio, y plumas de quetzal cruzadas junto a ellas. Al bailar, se apoyaba en el bastón y lo alzaba a compás.
La danza de las salineras
Diez días bailaban con ella todas las que hacían sal —viejas, mozas y muchachas—, asidas unas de otras por cuerdas cortas que tomaban de cada cabo, con guirnaldas de iztáuhyatl en la cabeza. Cantaban en tiple muy alto, guiadas por unos ancianos, desde la caída de la tarde hasta la medianoche.
Lo que te pide
Te apartaron y en lo apartado encontraste tu oficio.
En las fuentes coloniales su fiesta aparece mezclada con prácticas rituales que este proyecto no reproduce ni detalla. Aquí se presentan su atavío, su relato de origen y la danza de las salineras.
Fuentes
- Sahagún, «Historia general de las cosas de la Nueva España», libro II, veintena de Tecuilhuitontli — su relato de origen, el atavío completo y la danza de las salineras. VERIFICADO en el corpus del proyecto.
- Arturo Meza Gutiérrez e Isabelle Cauzard, «Arte de calcular el Cauhpohualli», tablas de las páginas 302 a 310 — epíteto y veintena.
- Sahagún, libro I, cap. XI — la tríada del sustento: Chalchiuhtlicue, Chicomecóatl y Uixtocíhuatl. VERIFICADO en el corpus.
Cómo citar esta página
Alma Mexica, «Uiztocíhuatl», Las cuarenta y cinco energías. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/energia/uiztocihuatl/
Las cuatro tarjetas de esta energía, y de dónde viene cada rasgo de su imagen, están en la app. Los primeros veinte días, completa.