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Las leyendas

Leyenda II de V

El conejo en la luna

Un acto de generosidad hacia un viajero cansado queda grabado para siempre en la luna.

Ilustración de El conejo en la luna

La próxima vez que veas la luna llena, tómate un momento y busca en su superficie: muchas personas en México todavía distinguen ahí la silueta de un conejo. No es casualidad, ni un simple juego de sombras, es una de las leyendas mexicas más contadas y queridas de todas.

El relato

Cuenta la leyenda que Quetzalcóatl decidió un día recorrer el mundo con forma humana, para conocer de cerca la vida de la gente común. Caminó bajo el sol durante todo el día, atravesando paisajes que nunca había visto así de cerca, hasta que la noche lo alcanzó agotado y hambriento.

Se sentó a descansar bajo un cielo lleno de estrellas. Fue entonces cuando se le acercó un pequeño conejo, curioso por aquel viajero que parecía tan cansado. Al notar su hambre, el conejo le ofreció lo único que tenía: un poco de hierba. Quetzalcóatl agradeció el gesto, pero le explicó que no podía alimentarse de eso.

Fue entonces cuando el conejo hizo algo que nadie esperaba. Sin dudarlo un segundo, se ofreció a sí mismo como alimento, convencido de que ayudar a aquel viajero importaba más que su propia vida.

Conmovido hasta el fondo por ese gesto, Quetzalcóatl no aceptó comérselo. En cambio, tomó al conejo entre las manos y lo elevó hasta la luna, donde quedó estampada su silueta para siempre, para que cualquiera que mirara el cielo nocturno recordara aquella noche de generosidad.

Otras versiones del conejo en la luna

Existe también otra versión, ligada al mito del Quinto Sol. Cuando Nanahuatzin y Tecuciztécatl se convirtieron en el sol y la luna, ambos astros brillaban con la misma intensidad, demasiada luz para un mundo recién nacido. Para atenuar a la luna, alguien le arrojó un conejo, y su sombra quedó marcada en la superficie desde entonces.

Dos historias distintas, un mismo resultado en el cielo: una imagen que millones de personas siguen reconociendo cada vez que miran la luna llena, un pequeño acto de generosidad, o el freno necesario para un mundo recién nacido. Ambos, de un modo u otro, grabados para siempre en el mismo lugar.

La versión más antigua, la que recoge Sahagún, no habla de generosidad sino de jerarquía: cuando en Teotihuacan nacieron el Sol y la Luna, los dos brillaban por igual. A una de las energías le pareció mal que la Luna alumbrara tanto como el Sol, y le arrojó un conejo al rostro para apagarle el brillo. La mancha que vemos es la huella de ese golpe.

Y hay una tercera versión que le pone nombre al que golpea. Fue Papáztac, una energía del pulque, y no con un conejo sino con un vaso adornado con un conejo, de ahí las manchas.

El conejo y la bebida van juntos. En las fuentes, el conejo es el símbolo de la embriaguez, y las energías del pulque se cuentan por cientos: Centzon Totochtin, «los cuatrocientos conejos».

Fuentes

Cómo citar esta página

Alma Mexica, «El conejo en la luna», Las leyendas. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/leyenda/el-conejo-en-la-luna/