Saltar al contenido

Los Señores

IX de la noche

Los nueve Señores de la Noche

Corren en una rueda propia que se reinicia con cada cuenta de doscientos sesenta días. La lectura antigua los asocia a la cara íntima de la persona: quién es cuando nadie la ve, en el reposo y el sueño. Se les llamaba «los acompañados»: acompañan al día, no lo gobiernan.

Señor I de IX

Xiuhtecuhtli

El señor del fuego y del tiempo

Abre la cuenta de los nueve. En el Tonalámatl de los pochtecas ocupa el centro del mundo, con los otros ocho repartidos por los rumbos. Es la energía del fuego del hogar y del año, y preside el encendido del Fuego Nuevo.

Aporta un calor que sostiene; un centro que no se apaga aunque todo alrededor cambie.

Su piedra: turquesa, jade (chalchíhuitl), piedra colorada. Es el único de los nueve con tres piedras descritas encima. La turquesa está en su nombre —xíhuitl— y en su cuerpo: orejeras de mosaico y la carátula de su estatua. El jade aparece dos veces: cinco chalchihuites en cruz sobre su rodela, y bandas de chalchihuites atravesando esa misma máscara. La piedra colorada, en el barbote del labio.

Señor II de IX

Itzli

La obsidiana, el cuchillo de pedernal

Segundo de la cuenta. En el Fejérváry-Mayer se le representa en una encrucijada, con un pie sobre un pedernal que toma forma de rostro. En el Borgia, ese segundo lugar lo ocupa Tezcatlipoca: Itzli es uno de sus títulos, y lleva su pectoral de anillo. Las dos lecturas nombran la misma presencia.

Aporta un filo que separa lo que sirve de lo que sobra; claridad que corta, aunque incomode.

Su piedra: obsidiana. La lleva en el nombre, y Sahagún distingue la roca de la hoja: la piedra es ítztetl, la navaja que se saca de ella es itztli.

Señor III de IX

Piltzintecuhtli

El señor niño, el sol joven

Tercero de la cuenta. El Fejérváry-Mayer lo nombra Tonatiuh-Piltzintecuhtli, el Sol joven, con rostro y cuerpo amarillos y un pectoral semejante al de Xiuhtecuhtli. La tradición lo empareja con Xochiquétzal, y de ambos nace Cintéotl, el maíz.

Aporta una luz que aún está creciendo; ternura y frescura donde otros ya se endurecieron.

Su piedra: ámbar (apozonalli). Es el único de los nueve que NO APARECE NI UNA VEZ en Sahagún, así que no hay piedra que le venga por descripción. La asignación se construye sobre dos hechos que sí lo están: el Fejérváry-Mayer lo nombra Tonatiuh-Piltzintecuhtli, el Sol joven, de rostro y cuerpo amarillos; y el apozonalli es una piedra amarilla cuyo nombre Sahagún explica POR EL SOL AL SALIR. Es construcción declarada, no dato de códice.

Señor IV de IX

Cintéotl

El maíz, en su manifestación viva

Cuarto de la cuenta. Es el maíz mismo, el sustento que sostenía a toda la civilización. Energía dual: se le nombra en aspecto masculino y femenino.

Aporta la vocación de alimentar; lo que se tiene se vuelve más grande cuando se reparte.

Su piedra: turquesa de mosaico. No por nombre ni por atavío propio, sino POR OFICIO: es una de las cuatro energías patronas de los lapidarios, a quienes se atribuía haber inventado el labrar, agujerar y pulir las piedras. En esa función lo vestían con el xiuhxayácatl, carátula de mosaico de turquesa con rayos.

Señor V de IX

Mictlantecuhtli

El señor del lugar de los muertos

Quinto de la cuenta. En los códices se le pinta con el cuerpo o la cabeza de hueso, blanco con manchas. Rige el Mictlan, el sitio del reposo al que llegan quienes mueren de muerte común.

Aporta una hondura que no teme mirar el final de las cosas; se aprende de lo que termina.

Su piedra: obsidiana. No la lleva encima: la lleva EL CAMINO que conduce hasta él. Uno de los pasos que el difunto debe atravesar es el ITZEHECAYA, el viento de navajas.

Señor VI de IX

Chalchiuhtlicue

La de la falda de jade

Sexta de la cuenta. Energía de las aguas terrestres: ríos, manantiales, lagunas y la orilla del mar. Presidió una de las eras del mundo, la que terminó en diluvio.

Aporta transparencia y fluidez; se amolda a cualquier cauce sin dejar de ser la misma agua.

Su piedra: jade (chalchíhuitl). La lleva en el nombre: «la de la falda de jade». Y la partera la invoca por sus nombres de piedra al entregarle la criatura recién nacida.

Señor VII de IX

Tlazoltéotl

Nuestra abuela, tejedora del deseo

Séptima de la cuenta. Se le representa dando a luz, y también como bulto envuelto. Es la energía que recibe lo que pesa y lo devuelve limpio; patrona del día Océlotl.

Aporta la capacidad de transformar lo que otros esconden; nada queda tan sucio que no pueda volver a la tierra.

Su piedra: obsidiana. Su capítulo en Sahagún está dedicado entero a la confesión y no describe atavío, así que no hay piedra que le venga por descripción. Llega POR DESCENDENCIA: en Ochpaniztli la energía del maíz nace de Toci-Tlazoltéotl bajo la forma de Cintéotl-ITZTLACOLIUHQUI, y ese nombre significa literalmente «obsidiana curvada». Un segundo apoyo independiente: en el Códice Borgia, la figura ante el templo de la Luna presenta rasgos de Tlazoltéotl y lleva el sombrero de obsidiana curvado de Itztlacoliuhqui.

Señor VIII de IX

Tepeyóllotl

Corazón del monte

Octavo de la cuenta. Es el corazón de la montaña y el eco que responde desde las cuevas; se le vincula con el jaguar y con la voz que retumba en lo hondo.

Aporta una voz interior que responde antes que la de fuera; lo que se guarda dentro tiene peso propio.

Su piedra: mixtecátetl (piedra jaguar), obsidiana. El mixtecátetl es LA ÚNICA PIEDRA DEL TRATADO NOMBRADA POR EL JAGUAR, y él es el jaguar. La obsidiana le llega por otra vía: es avatar de Tezcatlipoca, cuyo espejo es de obsidiana.

Señor IX de IX

Tláloc

El que hace brotar

Cierra la cuenta de los nueve. Energía de la lluvia y del agua que cae del cielo, servida por los tlaloque. Presidió la era que terminó en lluvia de fuego.

Aporta la paciencia de lo que nutre a su tiempo; llega cuando debe llegar, no cuando se le exige.

Su piedra: jade (chalchíhuitl). No por atavío sino POR OFRENDA: en Etzalcualiztli, las piedras preciosas y los chalchihuites se llevaban a Pantitlan, en la laguna, junto con los papeles y los plumajes.

La cuenta de los nueve se reinicia con cada tonalpohualli: el señor de un día es el que corresponde a su posición dentro de los 260. Como 260 no es múltiplo de nueve, el último de la rueda aparece una vez menos por ciclo. La cuenta de los trece es más simple: el señor va con el numeral del día, y con él su ave compañera. ── Y la comparación da algo más: el concepto mesoamericano de los periodos de tiempo como cargas llevadas a cuestas con mecapal por quien las lleva es común al área maya y a la altiplanicie. El tiempo se carga, no sólo se cuenta.

Fuentes

Cómo citar esta página

Alma Mexica, «Los nueve Señores de la Noche», Los Señores. Revisado el 2026-09-17. https://almamexica.org/senores/noche/

Preguntas que llegan a esta página

¿Quiénes son los Señores de la Noche?

Nueve energías que acompañan a los días en rueda continua: Xiuhtecuhtli, Itztli, Piltzintecuhtli, Cintéotl, Mictlantecuhtli, Chalchiuhtlicue, Tlazoltéotl, Tepeyollotl y Tláloc. Como son nueve y la cuenta tiene 260 días, la serie no encaja en ella y va desplazándose.

¿Cuántos Señores de la Noche hay?

Nueve, y se llaman en náhuatl Yohualtecuhtin. Corren en rueda sobre los días de la cuenta sin alinearse con ella: nueve no divide a 260, así que el mismo día tonal no lleva siempre el mismo Señor.